lunes, 11 de diciembre de 2017

La plenitud.

Le encanta su casa, siempre le gusta donde vive, piensa, que por el mero hecho de habitar un lugar, ya ese sitio es precioso para ella. Ha cambiado infinidad de veces de lugares y de viviendas, todas las ha disfrutado, todas le aportaron vivencias enriquecedoras y situaciones de alegría, también hubo tristezas, claro, pero eso afortunadamente era lo de menos, cuando se pone a recordar le vienen las alegrías, los momentos de bienestar. Igual es un bicho raro, en realidad es una persona pacífica, conforme con su devenir.


Ahora, de mayor, aparecieron los nietos todavía aprecia más la casa que habita, cuando ellos vienen y llenan todo con sus alegrías, sus risas y locuras ella piensa que su vida está completamente realizada, es una abuela feliz que reaprende con ellos a ser la niña que se le había olvidado que había sido.

 Aunque sabe que eso no es todo, que espiritualmente tiene mucho que aprender, una de las cosas el desapego, pero qué difícil no apegarse a los seres que adoras...

Bueno, todo se andará, mientras tanto, lo que más le gusta es vivir el momento, eso sí que lo está aprendiendo a pasos agigantados porque este paso por la vida es eso, montones de momentos vividos con intensidad y consciencia para llenarnos de energía, fuerza y alegría de sentir la vida.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuando las expectativas superan la realidad.



Y la ilusión decreció, lo que parecía inalcanzable y por ello deseable, al realizarse se tornó monotonía, las originalidades se volvieron aburrimiento, la novedad hastío, así el despertar fue duro, la realidad se presentó como grotesca imagen de una desesperación amarga, los días transcurrían sin vida en ellos, el anhelo de lo lejano se iba haciendo cada vez más patente, había caído el velo y el paisaje se mostraba auténtico, árido, sin retoques, vacío y sin luz. 

De repente, como un castillo de naipes viniéndose abajo cayeron los proyectos compartidos, las esperanzas forjadas, a un leve suspiro de desavenencia siguieron multitud de reproches, de decepciones hasta ahora calladas, de soledades silenciadas, nostalgias acalladas. La tristeza se coló en el alma y con su frío manto fue haciéndose  dueña y señora, las preguntas sin respuestas, las razones sin explicación, una maraña de sentimientos difíciles de dominar.

Cuando el amor se vuelve débil y los recuerdos no pueden compensar el desconsuelo porque ya no sirven, porque todo lo que tuvo importancia en un principio, ya ahora, no importa.

Pero tienes herramientas, esas que te ha enseñado tu vida, las que has aprendido de tus experiencias, las que te darán la llave de la nueva puerta que has de abrir después de haber cerrado la que tendrás que atravesar, con dolor, ese sufrimiento solo es una circunstancia pero no eres tú, tú eres ese ser que caminando crece, que soltando lastre fluye, que escala por montañas escarpadas y navega por mares calmos, sin desfallecer, porque sabe que cada amanecer trae una nueva luz y cada crepúsculo amortigua día a día el dolor ofreciéndonos la oportunidad de empezar de nuevo, más ligeros, más sabios si hemos sabido aprehender lo acontecido, pues la vida es eso, eso que nos va pasando y que parece una broma, una tomadura de pelo a veces, pero no, es el devenir normal de una existencia plena y está ahí, delante de nosotros para que aprendamos, para que crezcamos. 

Para que sintamos con fuerza el AHORA.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ese ser humano llamado hombre.



Hoy me voy a dedicar a un tema peliagudo, y digo esto porque solo por la culpa de algunos de ellos, los hombres están siendo denostados como no lo habían sido nunca hasta ahora, y, qué quieren que les diga, a mi me encantan los hombres, esos, que desde mi punto de vista son la mayoría, que se esfuerzan por encajar en una sociedad que de repente les ha demostrado que estaban equivocadas esas costumbres que enseñaban que había que proteger a las mujeres, tenían que prepararse para ser cabeza de familia, encargarse de la manutención, de trabajar de sol a sol para el bienestar de los suyos demostrando un altruismo digno de encomio.

Pues bien, esto ahora es diferente y es muy bueno, pues las mujeres estamos consiguiendo desde hace décadas y con mucho esfuerzo, que se nos considere personas con derechos y deberes exactamente igual que los de ellos, cosa que hace algunos años era impensable. Lo que no quita que ellos también sigan trabajando como siempre para conseguir situarse en una sociedad cada vez más exigente. Pero, paralelamente al avance social de la mujer noto como un especial interés en algunos sectores, en competir contra los hombres, o por lo menos, es lo que a mi me parece.

El ser humano, es así como deberíamos definirnos en vez de andar buscando etiquetas de género o de cualquier otra cosa, el ser humano es único, por lo tanto, sería ideal que nos ayudáramos entre nosotros en vez de estar buscándonos los fallos. Veo hombres que trabajan duro para salir adelante, que aman a sus mujeres y a sus hijos, muchos, muchísimos, no entiendo porqué ese afán de meternos con ellos, de en muchos casos intentar darles lecciones. Así solo se consigue la lucha constante y se nos escapa la vida en enfrentamientos inútiles, porque el ser humano que quiere crecer lo hará y el que prefiere vivir en la ofuscación también lo hará por mucho que nos afanemos por cambiarles.

Por eso, hoy rompo una lanza en favor de esos seres humanos denominados hombres, por sus luchas por entender los cambios, por su trabajo, por su paternidad y sus desvelos en pos de un entendimiento con sus parejas, por sus amargas lágrimas en soledad, por sus silencios ante injustas sentencias. Y es que de todo hay en este convulso mundo que habitamos, donde no siempre el ser humano malparado es la mujer.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Cuidar al cuidador.





Personas cuidando a personas. Normalmente la gente pregunta por el dependiente, el enfermo, el bebé, la abuelita, el viejecito. ¿Y cómo está tu madre?, ¿Y a tu esposa enferma cómo le va?, ¿Y el bebé come y duerme bien?...y así siempre, preguntamos y enviamos los mejores deseos a aquél que nos parece más débil, pero, ¿Qué pasa con la persona cuidadora?, ¿Qué siente ese ser que ahora ha tenido que dejar de lado sus propios intereses para dedicar gran parte de su tiempo a ese otro ser que le necesita?. 

Pues pasa que se siente muy solo, que aparte de en muchos casos, estar recibiendo la ingratitud de quién no se da cuenta de su sacrificio, pues las personas salvo excepciones muy loables, cuando nos debilitamos tendemos a pensar solo en nosotros mismos, tampoco encuentra consuelo en las personas que le rodean. A no ser que se queje, entonces le tendrán pena y además muchos tratarán de evitarla para no oírla. Difícil situación.

Las personas en general, recibimos pocos halagos, pocas gratitudes. ¿Cuántas veces le decimos al profesor o profesora lo feliz que es nuestro hijo en su clase?, o al médico lo bien que nos hemos repuesto con sus prescripciones?, a los hijos lo orgullosos que estamos de ellos, a la pareja cómo nos alegra convivir con ella, a nuestros padres lo bien que lo han hecho, ¿Cuántas veces abrazamos realmente?, es más, apostaría que si llego a una reunión de amigos y doy un abrazo como es debido, más de uno se sentiría incómodo, haz la prueba.

Pero, qué pronto nos sale el exabrupto, la queja, la crítica, a la menor ocasión solemos saltar a defendernos de lo que creemos una falta hacia nuestra persona, a corregir al otro de lo que interpretamos como un fallo. Y así pasan los días, los meses, los años, la vida.

Hagamos un balance de los estímulos positivos y negativos que estamos recibiendo diariamente, incluyamos los noticiarios si los vemos, las redes sociales y todo el malestar que nosotros percibimos, pongámosle un número a cada situación y sumemos. Ahora hacemos lo mismo con las situaciones agradables, los halagos que hemos recibido, las muestras de cariño, de gratitud, de amor, los abrazos, los besos sentidos. Sumamos y hacemos la resta. Con sinceridad ¿Qué ha ganado?. Sin han sido los estímulos amorosos nos podemos felicitar.

Volviendo al principio, los cuidadores necesitan el doble de halagos y consideración, son personas que dedican su tiempo a los otros, olvidándose de sí mismas, renunciando conscientemente a su tiempo, con todo lo que ello conlleva. No digo que renuncien a su libertad, pues creo que uno siempre decide desde ella, pero la solidaridad y la dulzura que se les pueda transmitir nunca será demasiada.

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Dónde empieza la educación?



Hoy vengo con un debate que espero no salten chispas pues nada más lejos de mi intención, aunque imagino que muchos lo considerarán  "Políticamente incorrecto" lo que pretendo es que sea de diálogo y comprensión. Expuesto lo anterior comienzo.

Soy mujer y pienso que disfruto de privilegios que vienen dados precisamente por mi género, a saber, puedo, si quiero engendrar hijos o no, lo mismo pasa con su amamantamiento, puedo sentir lo que es parir, ser la cuna primera de ese ser al llegar a este mundo, su alimento y su consuelo, sentir uno de los amores más desinteresados y generosos que un ser humano pueda sentir por otro. Puedo elegir no ser madre y dedicarme a la profesión que yo prefiera, dedicar toda mi vida a esa meta, esa profesión la puedo llevar a ser mi modo de vida. Pero, ¿Qué pasaría si decido, desde mi libertad, quedarme en casa y cuidar de mi familia?. ¿No es tan lícito esto como decidir seguir con mi profesión de abogada, maestra, peluquera o cualquiera que sea?.


Si es mi elección ¿A quién le importa?. Hemos llegado a un punto de inflexión tal que la mujer que decide hacer una pausa para cuidar y experimentar ese sentimiento, parece que está cometiendo un delito. ¿No estaremos exagerando?. En muchos casos, se llega al absurdo de simplemente salir a cobrar un sueldo que equivale a lo que se gasta en el cuidado ¿Cuidado? de los hijos. Esto sin mencionar la importancia que tiene el esmero y la atención que se merecen, son nuestros hijos, su cuidado y atención  deberían ser a cargo de la madre o el padre los primeros años, pero no, parece ser que una vez conseguido este otro hito que es tener un hijo, (A veces hasta por métodos artificiales), elegir ganar dinero es la mejor opción, siempre hay abuelos cansados ya de criar a sus propios hijos que dirán que no les importa cuidar a sus nietos con tal de que sus hijos ganen más dinero y sean considerados socialmente, y esto, en el mejor de los casos, que aunque los abuelos estén cansados siempre será mejor que una guardería a los cuatro meses...

No estoy refiriéndome aquí a casos de extrema necesidad, que desgraciadamente los hay. A lo que me refiero es a los que si se lo propusieran, renunciando a algunos lujos superfluos podrían cambiar ese malestar que produce levantar a tu bebé de madrugada para llevarle a que lo cuiden otros, recogerlo tarde para llevarlo de nuevo a casa con prisas, sin tiempo para dedicarle, entre otras cosas porque el móvil sigue enviándonos  mensajes de trabajo que por supuesto no podemos ignorar por esos niños. 

Contemplando ese desconsuelo diariamente. Y todo ello por unas vacaciones caras de cinco días al año, un coche nuevo, bolsos, zapatos, perfumes, fiestas, reuniones y aparentar que todo va muy bien.

A lo mejor tendríamos que replantearnos si no empieza por aquí la decadencia de esta sociedad entregada a la inconsciencia, al vivir sin sentido, como autómatas, haciendo lo que creemos que es lo que se espera que hagamos y no, lo que realmente sentimos que deberíamos hacer.